Estimulación cognitiva

Envejecer con éxito no siempre es el resultado de un proceso inevitable que va unido al paso del tiempo. Incluso en ausencia de patologías graves que conlleven alteraciones importantes en los procesos cognitivos, las personas mayores presentan un perfil cognitivo caracterizado por un enlentecimiento en el procesamiento de la información y cambios en la memoria reciente y algunas funciones ejecutivas.

Así, promover la actividad mental a medida que nos hacemos mayores es esencial para un buen mantenimiento de las funciones cognitivas. Mantener en forma el cerebro y hacerlo tan pronto como se pueda es importante ya que ello nos estará protegiendo de cara al futuro. Una buena opción son las terapias no farmacológicas y dentro de éstas la “estimulación cognitiva”.

La estimulación cognitiva es el conjunto de intervenciones terapéuticas que se dirigen a mantener y/o mejorar el funcionamiento cognitivo y ralentizar su deterioro, mediante ejercicios de memoria, percepción, atención, lenguaje, funciones ejecutivas (solución de problemas, planificación, control,...), funciones visuoespaciales, etc. Se puede trabajar sobre los ámbitos cognitivos que aún no están alterados (para mejorar su rendimiento), sobre aquellos que comienzan a alterarse o sobre los ya alterados (para mantenerlos el mayor tiempo posible y ralentizar su deterioro).

La estimulación cognitiva se basa en la plasticidad y en la reserva cerebral para mejorar el rendimiento de las capacidades mentales mediante técnicas y ejercicios organizados de modo sistemático. Entre las llamadas terapias no farmacológicas, es la que recibe el mayor apoyo empírico basado en la evidencia; se propone como la primera intervención a realizar especialmente en el envejecimiento normal, el deterioro cognitivo leve y la demencia leve. 

Los objetivos que pretende la estimulación cognitiva son:

Potenciar al máximo aquellas capacidades mentales que todavía se conservan.

Retrasar el proceso de deterioro.

Mejorar el día a día de los mayores en áreas como las relaciones sociales, las emociones, las relaciones familiares o la autoestima.

Podemos enfocar la estimulación cognitiva desde dos perspectivas, una más terapéutica y otra como prevención. Aunque el uso terapéutico es el más frecuente, la estimulación cognitiva también se utiliza como prevención, para fomentar una tercera edad saludable y mantener la mente activa. De esta forma podemos conseguir una buena reserva cognitiva, que según han confirmado varias investigaciones contribuye a tener una vejez más sana e incluso a retrasar los síntomas en caso de demencia.

La prevención primaria va destinada a evitar que personas sanas desarrollen una demencia, mientras que la prevención secundaria trata de aliviar las consecuencias de la demencia en personas que ya la padecen.

En casos como el implacable déficit cognitivo asociado a enfermedades como la demencia tipo Alzheimer, hay que plantearse un programa de prevención secundaria. Aquí la estimulación cognitiva ha demostrado ser una intervención adecuada para retrasar el déficit cognitivo propio de la enfermedad, donde el deterioro cognitivo es progresivo, desde la capacidad para orientarse y recordar, hasta las habilidades de reconocer personas y comunicarse.

La estimulación cognitiva es una práctica especializada y como tal requiere de los profesionales adecuados, en el ámbito de la neuropsicología, que supervisen la terapia. Al tratarse de un tratamiento individualizado el primer paso es que el especialista realice una evaluación completa con el fin de determinar por un lado, qué capacidades tiene preservadas el paciente, y por otro, qué tareas y actividades se adaptan mejor a su personalidad y sus preferencias.

En personas mayores sin deterioro cognitivo, el entrenamiento se centra en la mejora de la memoria y de la velocidad de procesamiento, pues el envejecimiento comporta una serie de cambios que se manifiestan por una alteración normal de la memoria y una lentitud general en las actividades, entre otros. Aunque se evidencia la existencia de un declive de memoria relacionado con la edad, si entrenamos nuestra memoria y utilizamos diferentes estrategias mnemotécnicas, esta puede mejorar de manera significativa.

En personas mayores con deterioro cognitivo, el entrenamiento se centra en la estimulación de las funciones cognitivas (memoria, atención, lenguaje, funciones ejecutivas…) a partir de las capacidades que la persona mantiene preservadas, para una mejora de la calidad de vida tanto de la persona afectada como de la persona cuidadora. Algunos estudios han demostrado beneficios en la cognición, en el estado de ánimo y/o en la funcionalidad de pacientes con demencia en fases tempranas.

Los cambios en los procesos cognitivos que son normales en la vejez se han venido trabajando con ejercicios tradicionales de estimulación cognitiva mediante tareas de lápiz y papel, sin embargo los avances en el mundo de la tecnología nos permiten pensar en nuevas aproximaciones a la prevención del deterioro cognoscitivo

A pesar de que el enfoque es totalmente individualizado, la mayoría de las actividades se realizan en grupo con el fin de compensar los déficits individuales y promover la interacción y relación de los usuarios.

Lo que podemos utilizar para estimular las funciones cognitivas puede ser: objetos de la vida cotidiana, juegos y juguetes psicoeducativos y de estrategia, materiales manipulativos… hasta material más especializado como cuadernos de ejercicios y programas de estimulación tanto clasificados por habilidades/funciones (atención, memoria, lenguaje…) como por población-patología (“entrenando día a día”, “volver a empezar”, “activemos la mente”, “para que no se olvide”, “cuadernos de repaso Fundación ACE”, “cuadernos de estimulación cognitiva Esteve”, etc.). Los formatos de presentación de estas actividades pueden ser visuales, auditivos, verbales…

También es posible utilizar las nuevas tecnologías (ordenadores, tablets…) que ofrecen atractivas posibilidades para trabajar procesos cognitivos variados como la velocidad de reacción, la inhibición de respuestas o la evitación de distractores. Entre estos recursos destacan por su uso en Andalucía el programa GRADIOR 4.0, NeuronUP y STIMULUS.

Casi todos los programas incluyen como áreas de trabajo las siguientes funciones cognitivas: orientación, atención, memoria, percepción, lenguaje, cálculo, función ejecutiva, razonamiento, etc.

Lo habitual para poder acceder a estos recursos es adquirir una licencia de uso (física en CD o mediante plataforma) que permite un máximo de accesos individuales (según cada programa). Suelen necesitar de un equipamiento informático con pantalla táctil e incluso algunos de ellos se pueden trabajar con una tablet.

Ante la gran variedad de recursos existentes, tanto de lápiz y papel como mediante nuevas tecnología, lo más definitorio de la Estimulación Cognitiva no son los materiales y recursos con los que cuenta, sino la forma sistematizada, profesional y estratégica con que son utilizados.

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